SIC TRANSIT GLORIA MUNDI
Cuando un General romano regresaba
triunfante de una campaña, debía previamente solicitar autorización al Senado
para entrar en Roma al frente de sus tropas; permiso que le era concedido, o no,
según sus méritos…y sus influencias políticas.
Si el permiso le era denegado, debía
licenciar sus Legiones antes de entrar en la península itálica, y solo podía
ingresar acompañado de una reducida escolta personal; el desconocimiento de esta
disposición, era interpretada como un intento de golpe de estado y de inmediato
se comisionaban tropas para enfrentar la amenaza.
Como se verá, la tradicional mutua
desconfianza entre Militares y Políticos no es, ni nada nuevo, ni invento
nuestro.
Pero si el permiso le era concedido,
el General hacía una fastuosa entrada triunfal al frente de su Ejército, vestido
con sus mejores galas y haciendo exhibición de los trofeos, tesoros y
prisioneros capturados, testimonios todos de su Gloria, y recibiendo
orgullosamente los vítores y aclamaciones de la multitud.
En el mismo carro de guerra en que
desfilaba el General iba también un esclavo, que sostenía sobre su cabeza una
corona de laurel y que, periódicamente, le susurraba al oído “Sic transit gloria
mundi”; la gloria del mundo es pasajera.
Sabio consejo. Un recordatorio de que
es conveniente siempre conservar la humildad y no deslumbrarse con los siempre
fugaces brillos mundanos, frecuente y lamentablemente desoído por la soberbia de
quienes, ebrios de triunfalismo, procuran disfrutar al máximo de su momento de
gloria personal, olvidando que nada dura para siempre.
Esta circunstancia, que podría decirse
que es intrínseca de la condición humana, es particularmente notoria en la vida
política de las naciones, en especial las jóvenes como la nuestra. Si hacemos un
somero análisis de lo que ha sido nuestra vida política, desde nuestro
advenimiento oficial como nación soberana e independiente, tras la jura de
nuestra primera Constitución en 1830, observaremos que ha sido una sucesión de
alzamientos, revoluciones, guerras civiles, golpes de estado y dictaduras,
separadas por períodos más o menos prolongados de lo que podríamos llamar
“Normalidad Institucional”. En su libro “Sangre y Barro”, el historiador
Leonardo Borges señala que entre 1832 y 1911 se registraron en el país 71
incidentes de variada gravedad, alzamientos, revoluciones, magnicidios, motines,
golpes de estado etc. Un promedio grosero nos da, un quiebre institucional por
año. Dos Presidentes fueron asesinados, uno gravemente herido, doce debieron
lidiar con revoluciones en su contra, nueve fueron destituidos y solo tres
terminaron sus respectivos períodos en paz.
En general, siempre ha sucedido lo
mismo: los triunfadores procuran disfrutar al máximo de su victoria, tratan de
perpetuarla desprestigiando a sus antecesores en el gobierno; se ponen a
revolver cajones en busca de irregularidades administrativas o chanchullos,
reales o inventados; cualquier cosa viene bien, lo fundamental es mostrarle a la
población lo malos que fueron los otros, en comparación a lo buenos que son (o
que piensan ser) ellos. Y, en particular, consideran llegado el tiempo de cobrar
viejas facturas, de la época en que estaban en el llano y tuvieron que sufrir y
aguantar, porque, finalmente, llegó la hora del ansiado desquite.
Los perdidosos, en tanto, aguantan,
tratan de capear el temporal y sobrevivir y, en especial, se ponen a redactar la
lista de cuentas a cobrar, a la espera de tiempos mejores, porque, al decir de
Martín Fierro:
“No hay tiempo que no se acabe, ni tiento que no se corte”.
Hubo quien comparó la vida política
con
Otros han definido esto como el
carácter “pendular” de
El girar de la rueda es independiente
de ideologías, formas de gobierno, o procedimientos para obtener el poder; podrá
acelerarse o enlentecerse, pero jamás se detiene permanentemente, apenas lo
suficiente como para el recambio de los ocupantes de alguna de las barquillas.
Los ejemplos abundan; el Reich de los
mil años de Hitler no alcanzó a durar doce; vimos desplomarse al Imperio
Soviético, vimos a sus satélites sacudirse el yugo comunista, en muchos casos
violentamente, vimos a los Rumanos fusilar a su ex presidente y Sra. Vimos la
caída del muro de Berlín, la reunificación de Alemania y a Hoeckner ir a parar a
la cárcel. Yugoslavia, otro “sólido” bastión comunista, reventó como una bomba,
no bien la muerte aflojó la garra de hierro del Mariscal Tito, su creador, y,
seguramente, veremos reventar a Cuba…cuando reviente.
Si el acceso al poder es por medios
violentos, las consecuencias para los perdidosos serán normalmente más duras y
trágicas, ya que los ganadores desarrollarán sus acciones sin el freno de
Nadie duda que el nuestro es un país
verdaderamente sui géneris.
Como resultado de un incuestionable
proceso político y un impecable acto electoral, vemos
pacíficamente acceder al gobierno a un conglomerado político que, en los
hechos, genera una situación totalmente asimilable a una revolución.
El mundo quedó patas arriba;
delincuentes amnistiados ocupan la presidencia de
El gobierno constitucional de la época
accionó a las Fuerzas Armadas para enfrentar la amenaza, las que en poco tiempo
derrotaron militarmente a las organizaciones subversivas, la mayoría de sus
integrantes, los que no lograron fugar a tiempo al extranjero, fueron detenidos,
juzgados y condenados por sus delitos y resulta que ahora, amnistía mediante, el
haber estado en prisión por esas causas no solo les reportó jugosas
indemnizaciones, sino que, al parecer, la amnistía además de perdonar crímenes,
también blanqueó conciencias. El haber atentado contra
Los vimos ahora jurar sus cargos por
Los acontecimientos posteriores, a lo
largo de lo que va de los dos últimos periodos de gobierno, han estado
caracterizados por un recrudecimiento feroz de la campaña de revancha contra las
Fuerzas Armadas, en todos los frentes, simple y abyecta revancha disfrazada de
justicia o, mejor dicho, revancha usando a una justicia ideológicamente
corrupta, como un instrumento afín a sus propósitos.
El daño que se le ha causado a
Campaña de revancha llevada adelante
sin reparar en excesos, con singular entusiasmo digno de mejor causa, por
personas que están ilusa e increíblemente convencidas de que nunca deberán
rendir cuentas por ellos. Cegados por el odio y la ambición, no se percatan que
han parido un mecanismo que en el futuro seguramente se revertirá en su contra.
“La máquina mata a su inventor”, dice el refrán y de la misma forma que
una vez toda la prensa del país difundió la imagen del Sr. Tte. Gral. Don
Gregorio C. Álvarez, entrando esposado a un juzgado penal, inexorablemente
llegará el día en que difundan la imagen, en similares circunstancias, de alguna
figura de primer nivel del actual partido de gobierno; porqué no la del propio
ex presidente Dr. Tabaré Vázquez.
Olvidan que los excesos son, en
definitiva, una muy mala inversión para el futuro, porque la premisa fundamental
a considerar es que:
los abusos que se cometan hoy, serán las cuentas que habrá que pagar mañana.
Campaña de revancha que,
colateralmente, viene muy bien como cortina de humo para distraer la atención de
la población de la errática y calamitosa gestión del gobierno, el cual, como una
extraña combinación de Rey Midas y aparato digestivo, todo lo que toca lo
convierte en m….., Salud, Educación, Seguridad Pública, etc. Últimamente,
quienes en sus manos sostienen “la piqueta fatal del progreso” aparentemente han
posado sus codiciosos ojillos en el Agro, seleccionándolo como próximo candidato
a la demolición.
Sintomático resulta el hecho de que,
cada vez que el gobierno enfrenta algún tipo de crisis, de cualquier tipo, salta
al tapete un nuevo caso de investigación de supuestas violaciones de los
derechos humanos cometidas por las Fuerzas Armadas, o de información obtenida de
algún borracho oligofrénico, calificado cono fuente “veraz, fidedigna,
incuestionable”, quien estaría en condiciones de señalar lugares, dentro de
alguna unidad militar, donde, “con absoluta certeza”, habría enterramientos
de detenidos desaparecidos.
A las Fuerzas Armadas les sobra temple
como para soportar como hasta ahora, con ejemplar estoicismo y disciplina, todos
estos ataques, afrentas y humillaciones a que han sido sometidas, las que
evidentemente forman parte de un deliberado plan, que tiene como objetivo
supremo su total desmantelamiento moral y material.
Para ello solo se necesita algo que
sobra, coraje, paciencia y buena memoria.
Coraje, paciencia y buena memoria, en
especial buena memoria, y a esperar con fe el inexorable giro de
“La buena memoria es una virtud
militar. No olvidar las guerras, no olvidar los muertos y no olvidar a los que
fueron los culpables, de las guerras y de los muertos.”
Oswald Spengler
Cnel. (R) Omar M.
Farías
C. I. 846.419-1